BUENAS PRACTICAS PÉDAGOGICAS

 

BUENAS PRACTICAS PÉDAGOGICAS


Cuando hablamos de buenas prácticas pedagógicas, nos referimos a un conjunto de acciones seleccionadas e intencionadas que realizan los profesionales de la educación, en función de una meta común y considerando los diferentes contextos, para mejorar los aprendizajes de niños y niñas. En educación parvularia, existe una variedad de dimensiones en que las educadoras tienen la posibilidad de intervenir e influir positivamente para que los cambios y mejorías se produzcan, por ejemplo: la reflexión permanente de sus prácticas, ubicar al niño y la niña como ejes centrales del proceso educativo, reconocer el juego y las actividades lúdicas como estrategias movilizadoras de aprendizajes, el perfeccionamiento pertinente, el trabajo colaborativo para alcanzar las metas comunes, una clara intencionalidad pedagógica y foco en los aprendizajes de los párvulos, la buena gestión de los recursos, entre otros aspectos. Considerar criterios de inclusión y respeto por la diversidad, es también una dimensión que se contempla como parte de las buenas prácticas pedagógicas en la educación parvularia. Para continuar, una pregunta movilizadora: ¿Desde dónde miramos estas buenas prácticas pedagógicas? La respuesta es simple, desde las mismas prácticas en aula de las educadoras de párvulos. Las propuestas que se presentan a continuación, han sido recogidas desde las reflexiones personales realizadas por un grupo de educadoras que se desempeñan en los niveles de transición, de una escuela de Santiago. A raíz de una investigación de tipo cualitativa, un grupo de siete educadoras con vasta experiencia profesional, que se desempeñan en un mismo establecimiento, tuvo la posibilidad de analizar en profundidad su quehacer pedagógico diario con los niños y niñas a su cargo; a partir de algunas preguntas orientadoras y con sus propias reflexiones personales, las educadoras entregaron información muy significativa referida a sus prácticas pedagógicas.  El objetivo de las prácticas docentes es guiar durante todo el proceso de aprendizaje a los alumnos, tomando en cuenta las herramientas y estrategias  necesarias para que el alumno se forme adecuadamente y pueda avanzar en el ámbito académico. 
Las buenas prácticas pedagógicas en relación a un clima estimulante para aprender, citamos el estudio de Marcela Román quien afirma: “Un aula con un adecuado clima o ambiente, se caracteriza por la incorporación y acogida de los intereses y necesidades de los niños y niñas por parte del profesor; promoción de la participación y autonomía de los estudiantes; la confianza entre ellos y con el profesor, existencia de reglas justas y claras; ausencia de violencia y mediación de conflictos; desarrollo de actividades motivadoras y desafiantes que consideran la diversidad; trabajo de grupo; mayor autocontrol y autodisciplina entre otros aspectos” (Román,2007:209). Concebimos el clima del aula como la calidad de las relaciones entre los niños y niñas, de estos con el docente y que, según el estudio de Román (2007), es el factor que más incide en el rendimiento de los estudiantes. Según lo anterior, lo que realmente caracteriza a un aula en la que los niños y niñas aprenden, es la calidad del ambiente en el cual se sientan acogidos en un clima estimulante, estableciendo relaciones satisfactorias con sus compañeros y con el docente, pues este aspecto incide positivamente sobre su auto percepción y sus aprendizajes. Los niños sienten agrado y ganas de asistir al jardín infantil. 

DIMENSIONES DE LAS BUENAS PRACTICAS PEDAGOGICAS 

1. El niño como sujeto activo, se ubica al centro de los aprendizajes


Esta primera dimensión ha sido el punto de partida, y también el central, de la propuesta acerca de las buenas prácticas pedagógicas, pues las educadoras en su mayoría reconocen que su quehacer profesional está plenamente enfocado en potenciar un desarrollo integral de los párvulos que atienden, a través de experiencias significativas, lúdicas y desafiantes, que apuntan a sus necesidades, intereses y motivaciones personales. Queda de manifiesto que los niños y niñas tienen variados intereses y formas de aprender, y que es labor de las educadoras reconocer esa variedad y ofrecer oportunidades para satisfacer sus intereses y necesidades. Que los niños y niñas aprendan a través del juego, usando materiales concretos para participar de experiencias interesantes y desafiantes a la vez, ofrecer para ellos ambientes cálidos y acogedores, promoviendo el principio de bienestar.

2. Un clima estimulante para aprender 

Una segunda dimensión que emerge con fuerza producto de la reflexión de la práctica pedagógica, se refiere al clima propicio para los aprendizajes. Las educadoras consideran que un clima estimulante promueve entre niños y adultos relaciones de afecto, respeto, solidaridad y motivaciones positivas para aprender; respeto por las diferencias de género, de su cultura de origen y condición social, entre otras. Se incluye también en esta dimensión, las altas expectativas de las educadoras por los logros de aprendizaje de los párvulos que atienden. La opinión de las educadoras es que a mayor expectativa, mejores resultados en los aprendizajes de los niños y niñas. Las educadoras desarrollan prácticas activas que generan positivos logros, reconociendo una diversidad de estrategias que son factibles de implementar: atender en todo momento las demandas del niño o niña que lo requiere; reafirmar las explicaciones, vincular los contenidos con hechos familiares o conocidos por ellos; utilizar el buen humor, provocar situaciones divertidas que promuevan aprendizajes desde la alegría de compartir con otros; integrar a todos los párvulos a las actividades, estableciendo climas cálidos y desafiantes; planificar las experiencias con materiales didácticos interesantes, seguros y atractivos para los niños. También aparece como una estrategia valorada, el integrar a los niños y niñas con sus opiniones y puntos de vista, para el establecimiento de las normas de convivencia consensuadas dentro del centro educativo. 

3. Una clara intencionalidad pedagógica en la práctica docente 

Una tercera dimensión considerada a partir de la reflexión de las es que las educadoras coinciden en que sus prácticas pedagógicas se sustentan principalmente en el paradigma constructivista, como una forma de abordar su quehacer docente, desde una perspectiva más integral y considerando los intereses y necesidades de los niños y niñas que atienden. Estas prácticas son coincidentes en poner al niño y la niña al centro, como eje de las experiencias significativas. Como recurso permanente se utiliza el juego, junto al uso de materiales concretos y significativos. La mediación de los aprendizajes realizada por las educadoras y el sentido lúdico de las experiencias, son de vital importancia en el desarrollo de sus prácticas; estas características, dan sentido al paradigma constructivista que las sustenta. Otro aspecto a considerar en la reflexión, es la opinión de las entrevistadas acerca de la intencionalidad y sistematicidad de sus prácticas pedagógicas. Se definen metas y objetivos planificando y fortaleciendo logros con niños y niñas, a través de las experiencias de aprendizaje que desarrollan semanalmente en la escuela. Las educadoras coinciden además, en que una fortaleza para el logro de los objetivos propuestos, es la disposición y apertura a los cambios que demuestra este equipo de profesionales; relatan también que la implementación de estos cambios, ha sido producto de un esfuerzo colectivo e intencionado de cada una para el logro de las metas que se han propuesto. El trabajo sistemático y a conciencia ha sido una estrategia utilizada, la que consideran exitosa a la luz de los resultados de las evaluaciones de los niños, tanto internas como externas.

Las buenas prácticas pedagógicas en relación a un clima estimulante para aprender, citamos el estudio de Marcela Román quien afirma: “Un aula con un adecuado clima o ambiente, se caracteriza por la incorporación y acogida de los intereses y necesidades de los niños y niñas por parte del profesor; promoción de la participación y autonomía de los estudiantes; la confianza entre ellos y con el profesor, existencia de reglas justas y claras; ausencia de violencia y mediación de conflictos; desarrollo de actividades motivadoras y desafiantes que consideran la diversidad; trabajo de grupo; mayor autocontrol y autodisciplina entre otros aspectos” (Román,2007:209). Concebimos el clima del aula como la calidad de las relaciones entre los niños y niñas, de estos con el docente y que, según el estudio de Román (2007), es el factor que más incide en el rendimiento de los estudiantes. Según lo anterior, lo que realmente caracteriza a un aula en la que los niños y niñas aprenden, es la calidad del ambiente en el cual se sientan acogidos en un clima estimulante, estableciendo relaciones satisfactorias con sus compañeros y con el docente, pues este aspecto incide positivamente sobre su auto percepción y sus aprendizajes. Los niños sienten agrado y ganas de asistir al jardín infantil. 

Las educadoras comentan lo importante que resulta para ellas, los momentos de reunión técnica semanal, en donde se socializan diversos temas pedagógicos y administrativos, se promueve la mejoría de sus prácticas y se fortalecen los aprendizajes de los niños y niñas que atienden. Por último, es coincidente la opinión de todo el equipo acerca de la escasez de tiempo para reunirse y de los esfuerzos personales que realiza cada una de ellas, para optimizar y mantener estos espacios de reflexión Señalan también, que las reuniones de equipo, ceñidas a una estructura y formato conocido por todas, que se realizan semanalmente, es la instancia que les permite socializar sus prácticas pedagógicas, compartir conocimientos, ponerse de acuerdo, discutir las decisiones; en definitiva, realizar reflexión pedagógica crítica acerca de su trabajo profesional, pues consideran que han desarrollado un modelo de mejoría permanente, por propia iniciativa, producto de su responsabilidad y compromiso con el quehacer profesional. En este sentido, las entrevistadas expresan que los buenos resultados de aprendizaje de niños y niñas se consiguen por lo antes señalado, y además por trabajar todas juntas tras las metas que se proponen, optimizar el uso del tiempo de reflexión, el uso de la reunión para intercambio de experiencias y buenas prácticas pedagógicas. Estas son algunas de las claves de su éxito.

Características de las buenas prácticas

Aunque tiene múltiples características, algunas de las más destacadas son las siguientes:

  •  Mejora en los resultados: debe implicar la mejora en los resultados, y estar avalada por ellos.
  • Continuidad en el tiempo: es prolongada en el tiempo, no se compone de acciones puntuales.
  •  Implicación: debe contar con la implicación máxima del docente en cuestión, tanto en el terreno de la motivación como de la mejora continua.}
  • Buena documentación: las buenas prácticas educativas utilizan la evaluación formativa documentada para recopilar información sobre el progreso de los estudiantes y así hacer ajustes en la enseñanza, si fuese necesario.
  •  Inclusión: también es una práctica inclusiva, que se aleja de la discriminación a cualquier alumno y alumna, buscando siempre el éxito de todos ellos.
  • Flexibilidad: debe ser flexible, adaptándose a cada nueva situación, contexto y alumno o alumna si fuese necesario.

Importancia de las buenas prácticas 

Cada niño o estudiante tiene una forma de aprender distinta, por lo que es fundamental para ellos una buena guía por parte de su maestro. Si su docente no aplica buenas practicas, el alumno se sentirá perdido y se le dificultará avanzar.

El docente además debe supervisar el comportamiento de cada alumno y cómo es la relación entre compañeros, ya que una de las buenas prácticas docentes que debes llevar a cabo es velar por el bienestar de tus alumnos, más allá de solo el aprendizaje y la enseñanza.

Uno de tantos ejemplos de buenas prácticas docentes para estos casos es servir como orientador para los alumnos, especialmente en los casos en que sientas que el estudiante mantiene un comportamiento violento o disperso. Hablar con tus alumnos es la mejor manera de descubrir si está atravesando momentos difíciles en casa y, el brindarle tu apoyo, será una de las formas más efectivas de solucionarlos.

Algunos ejemplos de buenas prácticas 

Implementar este tipo de prácticas pedagógicas en el aula no solo son excelentes ejemplos de buenas prácticas docentes que beneficiarán a los alumnos sino también a los maestros, ya que les brindan herramientas para dar clases diferentes y ser mejores educadores.

Compartir experiencias es algo muy agradable que sirve como una buena práctica y estrategia en clase. La organización de eventos que motiven y aceleren la convivencia entre los alumnos es algo que los ayuda a salir de la rutina y aprender de una manera divertida, entre los ejemplos de buenas prácticas docentes están las exposiciones y las visitas guiadas a los museos, pues ayudan a perpetuar la información en los jóvenes y motivarlos a asistir a la escuela, además ayudará a la recreación del alumnado.

La discusión de los trabajos en equipos cooperativos es otro de los ejemplos de buenas prácticas docentes, pues ayuda a los estudiantes a repasar lo aprendido. Aunque puede resultar difícil para los alumnos más tímidos, no los obligues a participar, la emoción del debate hará que ellos solos deseen participar, pero a su ritmo.

OPINION PERSONAL DEL ESTUDIANTE 

Se die que las buenas practicas pedagógicas tienen el objetivo que los niños tengan un mejor desenvolvimiento y se desarrollen mejor con la ayuda de las maestras ya que los niños deben tener buenos resultados de aprendizaje fundamentales también observan y analiza reflexionan el accionar de los docentes las buenas practicas.

Fuentes 

O, M. D. (Julio de 2015). Educrea. Obtenido de Educrea: https://educrea.cl/wp-content/uploads/2016/08/DOC1-buenas-practicas.pdf

TETeducation. (s.f.). Obtenido de TETeducation: https://www.teteducation.com/buenas-practicas-educativas/



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